martes, 14 de septiembre de 2010

La niña sin jopo


Con mi amiga Anita (http://nonatadechernobyl.blogspot.com/) cursamos muy entusiasmadas las primeras materias de Letras. En Introducción a la literatura leímos Grandes esperanzas de Dickens y eso, sumado a las ganas adolescentes de hacer algo, cualquier cosa, una mini revista, un texto suelto, nos llevó a comenzar un folletín, en el cual queríamos utilizar todos los recursos que habíamos aprendido de Dickens y agregarle un guiño sobre nuestro ambiente de estudio que hoy, después de tantos años, no se transparenta. Me emocionó mucho encontrar este texto impreso entre apuntes amarillentos y como estaba no estaba archivado en ningún lado, decidí traerlo a la virtualidad, pero copiandolo sin cambiarle nada.

Prólogo.
El tema central de esta historia ha suscitado las más fervorosas y agitadas polémicas en los círculos de intelectuales de nuestro país.
Por un lado están aquellos lectores prevenidos, quienes sostienen que la cuestión de la existencia o no del jopo es algo irrelevante frente a las grandes incógnitas planteadas hacia el final de la novela concernientes a la genealogía de ese supuesto jopo. Por el otro, encontramos a los desprevenidos, aquellos que llorando nos exigen en sus cartas que definamos, en calidad de autores, los contornos de ese jopo, el ángulo de giro, la textura, el color y si es más bien achatado o con forma de pompón.
Es en este marco que resolvemos dejarlos a solas con la historia.

Capítulo I.
Mientras Trinidad terminaba eufóricamente de bañarse, el día en que comenzaría la Academia, su padre al otro lado de la casa empezaba a hacerse el nudo de la corbata, eufórico también por enfrentar una vez más el aula repleta de chicos, luego de tres meses de tranquilas vacaciones.
Trinidad se había mudado con su padre a la aldea "La gruta oscura" la semana anterior. Hasta ese entonces había vivido con su madre a cien kilómetros al norte donde había transitado los primeros años de su adolescencia, pero ahora había llegado el momento de integrarse a la Academia.
Tanto ella como otros chicos de su edad llegaban de todas partes de la región para empezar a estudiar en la mejor Academia de la comarca. Y es que "La gruta oscura" era una aldea asentada con el único propósito de instruir jóvenes a través de un arduo y extenso aprendizaje que tal vez durara cinco años y que concluía con una emotiva ceremonia en que las autoridades de la Academia hacían entrega del título que corroboraba la superación de sus exigencias y que podría llevarlos a la gloria.
La conformación social del pueblo estaba dada por: estudiantes, profesores, porteros y unos pocos comerciantes. La Academia regía por completo el funcionamiento y la actividad de la aldea. La Academia era la aldea.
Volvamos a Trinidad y a su padre que ya se aproximaban a la gran casona donde funcionaba la Academia. La niña caminaba velozmente en contraste con el padre, que a duras penas iba avanzando a fuerza de arrastrar sus pesadas piernas por las calles de tierra, que conducían a la casona.
Cuando restaban unos pocos metros para llegar a la puerta de ingreso, el padre, Trásilo, detuvo su marcha y con los ojos rebosantes de lágrimas besó emocionado a su hija. Se separaban y a partir de allí, Trinidad emprendería sola su camino. La muchacha fijó solemne la mirada en la muchedumbre y caminó con un paso firme, decidida a lograr que aquel incipiente día fuera recordado hasta su muerte como el mejor de su vida. No sabía lo que le esperaba detrás de esas misteriosas puertas...
Anita y Pilar- 2004

3 comentarios:

santi dijo...

Cuánta (in?)consciencia de principio. Cuando lo que importa siempre termina siendo el final...

Anita Leporina dijo...

jaaaaaaaaaa
sos una genia, Pilar!!
Cuántos recuerdos!!
Lo mejor es la intro. El cap 1 es conchudismo y maldad pura! Qué bravas éramos!

vibravital dijo...

En 2004 yo pegaba papalitos manuscritos en los postes de luz que pronto la lluvia destrozaba.
Siempre me pregunté y me preguntaré si alguien se rió, lloró, puteó con esas inscripciones. Si alguien las leyó siquiera.
A veces me digo, optimista, que las mejores cosas pasan desapercibidas, me subo el cuello de la campera y me hundo.

A propósito de jopos y academias diré que los primeros nunca me gustaron hasta que escuché The Smiths y se me hizo amable el rockabily mientras que las segundas parecían gentiles o deseables desde los ojos infantes y son hoy cada vez más extenunates, como patrón loco o amo perverso.

Me pregunto qué habrá ganado en el caso de Trinidad. Yo voy a hinchar por el copete, para que nunca se lo hagan bajar.

Abrazo, Pilar!